Caminar por TUS calles, esas que te vieron correr, saltar, reír, cantar e incluso llorar. Adueñarte de ellas de nuevo, que el pasado vuelva a vos como un flash. Que cada momento, único en si mismo, se te impregne como un aroma y te llene de aire, cargado de felicidad. Y a pesar de que sentís esa familiaridad, ese: esta es mi casa, las calles son las mismas, pero vos no. Usás otro uniforme y te sentís fuera de lugar, como si desencajaras con tu pantalón oscuro, entre tanto celeste chillón, ese que tanto amás. La perra que antes saludabas cada día, llamándola Princesa, porque nunca supiste su nombre, ya no te hace tanta fiesta como antes. Y aunque sea tonto, las lágrimas te inundan los ojos, porque sentís que sos una extraña en TU lugar, en tu casa. El kiosquero que te vendió todos los dulces que se pusieron de moda en caaada época, ese que te conoce desde hace muchos años, te pregunta por qué ya no pasás tan seguido, y de repente un recuerdo te invade: 17 de Diciembre del dos mil nueve, acto de fin de año, tu director se acerca y te dice: sos una gran persona, te vamos a extrañar. Y mucha, mucha suerte en la vida. Asentís y sonreís, en cuanto estás sola, te arrinconás en una de las paredes de tu colegio, las que lo presenciaron todo, y dejás que las lágrimas empapen tus mejillas, largás todo el dolor que tenés acumulado, las sensaciones que te produce dejar ese lugar que tanto amás. Así es como te encuentran tus amigas, así es como te abrazan, diciendo que ellas siempre van a estar.
Llegás corriendo a la puerta de tu colegio y te colgás de tu amiga. Le susurrás un: felices quince La! te amo amiga. Y volvés a ver a tus viejos compañeros con el que fue tu uniforme por muchos años, sí, el de celeste chillón, y caminás con tus amigas por las calles de Lanús. Llegan a la plaza y empiezan los huevasos, harina, motaza y keptchup. Se ríen, gritan, sacan fotos. Son muchos y se divierten. Van a la casa de una de las chicas y se quedan un rato. Y cuando volvés, estás sola con las calles de nuevo, el pasado te vuelve a inundar y te duele, sentís un hueco donde antes había amor, amor hacia tu vida, tu lugar. Sentís los gritos de Emilia diciendo que va a hacer ring rajen, la canción de las chus, y de nuevo los gritos de Emmi-de esos siempre hubo muchos-. Caminás por las mismas calles de siempre, haciendo ese recorrido que lleva tu marca, mirás y ves que todo sigue igual, pero sentís que no encajás, que sos un visitante, no la de siempre, la que todos conocen porque lleva siete años haciendo el mismo camino. Y recordás a Emmi pidiéndote que vuelvas, a Lally diciendo que extraña a su Florshu linda, y vos diciendo que te encantaría volver, pero sabés que no se puede, que solo podés soñar. Y por dentro te duele, te duele saber que por buen grupo que armes, nunca van a ser ellas, nunca van a ser TU grupo, porque ustedes tienen algo que las hace únicas, aunque todavía no sepas que es. Confianza, mucha, amistad a montones, gritos, sonrisas y canciones, bailes y recuerdos.
Sentís como si Lanús te mirara, como si te preguntara por qué te fuiste, por qué vas tan poco, y por qué todo ahí te duele tanto. Y pensás en que es por que lo amás, porqu es tu lugar, por que esperar al 277 por dos horas es algo que estás acostumbrada a hacer, y ya hasta no te molesta, que caminar con uniforme, ya sea el celeste chillón o la pollera tableada a cuadros, te encanta, y más te encanta hacerlo rodeada de tus amigos.
Volvés a ver a tus compañeros, aquellos que nunca consideraste amigos, solo compañeros, y sentís que aunque todo está igual, ahora es: te acordás de tal? y sabés que te acordás de todos, porque viviste siete años junto a ellos, y solo hace uno y medio que te fuiste. Todo duele, todo te lastima, porque todo es una mezcla de felicidad, tristeza, recuerdos, y confianza en esas calles que te vieron crecer.
viernes, 24 de junio de 2011
miércoles, 27 de abril de 2011
Here I am.

I'm an outsider.
Siempre fui diferente en algo, todos somos diferentes en algo, sino, la vida no tendría sentido. Pero con el paso del tiempo, supe que yo no concordaba entre las personas de mi edad... no compartía sus pensamientos, ni ellos mi madurez. Eso me hizo seria. Sí, aunque no lo crean, esta loca alguna vez fue seria. Algunas personas me enseñaron que lo divertido era mostrarte tal cual sos, aunque por hacerlo te crean raro.
Nunca voy a concordar con mis amigas, lo sé. Nunca vamos a pensar igual, y sí, vamos a seguir peleando por ello. Pero estoy muy, muy orgullosa de lo que soy.
Aprendí que ser diferente puede ser lindo, reconfortante. Me encanta que la gente me mire raro, yo voy por la vida desentonando del resto del mundo, y es genial. Porque me divierte ponerle caras raras a un flaco cuando me mira, y que se ría, o se asuste. Me encanta hacerle morisquetas a los nenes por la calle para que se rían y bailar en el colectivo. Cuando algo te hace diferente, aprendés a verlo como una virtud. Un defecto no siempre es un defecto.
Amo la cara de la gente cuando con solo catorce años hablo de política y defiendo mis ideas a capa y espada. Me gusta cantar por la calle y bailar con mis amigas en medio de pavón, me gusta ir sonriendo en un día de lluvia y llevar un paraguas rojo chillón entre tanto gris.
Recuerden siempre que hacerse notar no es algo malo, somos quienes somos, y tenemos que dejar ver a los demás nuestros verdaderos colores.
Nunca voy a concordar con mis amigas, lo sé. Nunca vamos a pensar igual, y sí, vamos a seguir peleando por ello. Pero estoy muy, muy orgullosa de lo que soy.
Aprendí que ser diferente puede ser lindo, reconfortante. Me encanta que la gente me mire raro, yo voy por la vida desentonando del resto del mundo, y es genial. Porque me divierte ponerle caras raras a un flaco cuando me mira, y que se ría, o se asuste. Me encanta hacerle morisquetas a los nenes por la calle para que se rían y bailar en el colectivo. Cuando algo te hace diferente, aprendés a verlo como una virtud. Un defecto no siempre es un defecto.
Amo la cara de la gente cuando con solo catorce años hablo de política y defiendo mis ideas a capa y espada. Me gusta cantar por la calle y bailar con mis amigas en medio de pavón, me gusta ir sonriendo en un día de lluvia y llevar un paraguas rojo chillón entre tanto gris.
Recuerden siempre que hacerse notar no es algo malo, somos quienes somos, y tenemos que dejar ver a los demás nuestros verdaderos colores.
martes, 19 de abril de 2011
Página en blanco.
A veces ver una hoja completamente vacía nos asusta. Estamos frente a la duda, dudamos de todo. De nosotros depende en que se tranforme esa hoja.
Yo creo que el famoso miedo a la página en blanco es el miedo a la vida misma, porque, al fin y al cabo, la vida es una página en blanco, viene vacía, y somos nosotros quienes la llenan, hilando las decisiones, una detrás de otra, dejando atrás un pasado, viviendo un presente y esperando un futuro.
Así es como ocurre con las palabras también, las vamos hilando, y juntas forman una oración, éstas, a la vez, forman un texto. Y, sin darnos cuenta, tenemos una historia.
Todo escritor sabe del miedo a lo vacío, pero todo buen escritor, sabe que más miedo dan las ideas que no han sido expresadas, porque una idea reprimida es un alfiler en el tablero de las tareas pendientes, es una punzada en el pozo del olvido, es un grito para despertar a la mente, al alma. Una idea no expresada es un recado que debe ser cumplido.
Por eso, a veces, algo vacío, nuevo, no es lo que nos da miedo, sino que lo es lo que vamos a poner en ese lugar vacío, lo que da miedo de la página en blanco es que todas las decisiones recaen en nosotros, por lo tanto, los errores también.
Entonces, un buen autor es, simplemente, el que sabe llenar de colores una página en blanco.
viernes, 15 de abril de 2011
No necesito nada.
No estoy segura de la razón por la cual le tengo tanto miedo a los cambios. Cuando algo sacude mi mundo, mis costumbres, me siento perdida, no sé donde estoy.
Me cuesta mucho adaptarme, amoldarme a las cosas, a las personas. Soy rebelde sin causa-diría mi vieja-, o tan in entendible-diría mi viejo-. Loca, dirán ustedes, yo digo que no sé que soy.
A veces soy muy mala, ¿Saben? Soy arisca, a veces un poco menos, pero arisca al fin. Lo malo es que siempre es con las mismas dos personas, que en su momento me lastimaron mucho, y no soy capaz de perdonar... nunca por completo. Y así volvemos al comienzo, no soy capaz de perdonar porque ellos cambiaron mi mundo, me dieron vuelta todo, me alejaron de mi vida, mi rutina, y yo no puedo perdonarlo, porque es el día de hoy que lo extraño, un año y medio después.
El tiempo pasa y día a día no me doy cuenta, pero cuando pienso, cuando miro para atrás, sé que lo que dejé no va a volver. Veo a los de tercero con la bandera que dice: la alegría de terminar juntos. Y yo sé que no va a ser así para mí, que esa gente con la que compartí siete años de mi vida no va a egresar conmigo. Más bien, yo no voy a egresar con ellos. Y los extraño, porque hicieron de mi lo que soy hoy. Extraño hasta al más pesado de ellos, porque son parte de mi infancia, y si hoy soy así, es por ellos. Aprendí a no escuchar sus tonterías, y hoy no escucho las tonterías que dice el mundo entero, aprendí a hacer oídos sordos. Aprendí a ser yo misma, sin importar lo que ellos dijeran. Aprendí a refugiarme en la seguridad de mi grupo, quienes se convirtieron en mis mejores amigos.
Tengo muchos defectos, no sé perdonar cuando algo me duele mucho, soy muy orgullosa, odio los cambios; pero también sé que tengo virtudes, si no, no tendría a la gente que tengo alrededor. Sé que no soy perfecta, y que tal vez nunca logre asimilar los cambios, pero mientras mis amigos estén conmigo, no necesito nada.
Me cuesta mucho adaptarme, amoldarme a las cosas, a las personas. Soy rebelde sin causa-diría mi vieja-, o tan in entendible-diría mi viejo-. Loca, dirán ustedes, yo digo que no sé que soy.
A veces soy muy mala, ¿Saben? Soy arisca, a veces un poco menos, pero arisca al fin. Lo malo es que siempre es con las mismas dos personas, que en su momento me lastimaron mucho, y no soy capaz de perdonar... nunca por completo. Y así volvemos al comienzo, no soy capaz de perdonar porque ellos cambiaron mi mundo, me dieron vuelta todo, me alejaron de mi vida, mi rutina, y yo no puedo perdonarlo, porque es el día de hoy que lo extraño, un año y medio después.
El tiempo pasa y día a día no me doy cuenta, pero cuando pienso, cuando miro para atrás, sé que lo que dejé no va a volver. Veo a los de tercero con la bandera que dice: la alegría de terminar juntos. Y yo sé que no va a ser así para mí, que esa gente con la que compartí siete años de mi vida no va a egresar conmigo. Más bien, yo no voy a egresar con ellos. Y los extraño, porque hicieron de mi lo que soy hoy. Extraño hasta al más pesado de ellos, porque son parte de mi infancia, y si hoy soy así, es por ellos. Aprendí a no escuchar sus tonterías, y hoy no escucho las tonterías que dice el mundo entero, aprendí a hacer oídos sordos. Aprendí a ser yo misma, sin importar lo que ellos dijeran. Aprendí a refugiarme en la seguridad de mi grupo, quienes se convirtieron en mis mejores amigos.
Tengo muchos defectos, no sé perdonar cuando algo me duele mucho, soy muy orgullosa, odio los cambios; pero también sé que tengo virtudes, si no, no tendría a la gente que tengo alrededor. Sé que no soy perfecta, y que tal vez nunca logre asimilar los cambios, pero mientras mis amigos estén conmigo, no necesito nada.
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