No estoy segura de la razón por la cual le tengo tanto miedo a los cambios. Cuando algo sacude mi mundo, mis costumbres, me siento perdida, no sé donde estoy.
Me cuesta mucho adaptarme, amoldarme a las cosas, a las personas. Soy rebelde sin causa-diría mi vieja-, o tan in entendible-diría mi viejo-. Loca, dirán ustedes, yo digo que no sé que soy.
A veces soy muy mala, ¿Saben? Soy arisca, a veces un poco menos, pero arisca al fin. Lo malo es que siempre es con las mismas dos personas, que en su momento me lastimaron mucho, y no soy capaz de perdonar... nunca por completo. Y así volvemos al comienzo, no soy capaz de perdonar porque ellos cambiaron mi mundo, me dieron vuelta todo, me alejaron de mi vida, mi rutina, y yo no puedo perdonarlo, porque es el día de hoy que lo extraño, un año y medio después.
El tiempo pasa y día a día no me doy cuenta, pero cuando pienso, cuando miro para atrás, sé que lo que dejé no va a volver. Veo a los de tercero con la bandera que dice: la alegría de terminar juntos. Y yo sé que no va a ser así para mí, que esa gente con la que compartí siete años de mi vida no va a egresar conmigo. Más bien, yo no voy a egresar con ellos. Y los extraño, porque hicieron de mi lo que soy hoy. Extraño hasta al más pesado de ellos, porque son parte de mi infancia, y si hoy soy así, es por ellos. Aprendí a no escuchar sus tonterías, y hoy no escucho las tonterías que dice el mundo entero, aprendí a hacer oídos sordos. Aprendí a ser yo misma, sin importar lo que ellos dijeran. Aprendí a refugiarme en la seguridad de mi grupo, quienes se convirtieron en mis mejores amigos.
Tengo muchos defectos, no sé perdonar cuando algo me duele mucho, soy muy orgullosa, odio los cambios; pero también sé que tengo virtudes, si no, no tendría a la gente que tengo alrededor. Sé que no soy perfecta, y que tal vez nunca logre asimilar los cambios, pero mientras mis amigos estén conmigo, no necesito nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario