miércoles, 27 de abril de 2011

Here I am.


I'm an outsider.
Siempre fui diferente en algo, todos somos diferentes en algo, sino, la vida no tendría sentido. Pero con el paso del tiempo, supe que yo no concordaba entre las personas de mi edad... no compartía sus pensamientos, ni ellos mi madurez. Eso me hizo seria. Sí, aunque no lo crean, esta loca alguna vez fue seria. Algunas personas me enseñaron que lo divertido era mostrarte tal cual sos, aunque por hacerlo te crean raro.

Nunca voy a concordar con mis amigas, lo sé. Nunca vamos a pensar igual, y sí, vamos a seguir peleando por ello. Pero estoy muy, muy orgullosa de lo que soy.

Aprendí que ser diferente puede ser lindo, reconfortante. Me encanta que la gente me mire raro, yo voy por la vida desentonando del resto del mundo, y es genial. Porque me divierte ponerle caras raras a un flaco cuando me mira, y que se ría, o se asuste. Me encanta hacerle morisquetas a los nenes por la calle para que se rían y bailar en el colectivo. Cuando algo te hace diferente, aprendés a verlo como una virtud. Un defecto no siempre es un defecto.

Amo la cara de la gente cuando con solo catorce años hablo de política y defiendo mis ideas a capa y espada. Me gusta cantar por la calle y bailar con mis amigas en medio de pavón, me gusta ir sonriendo en un día de lluvia y llevar un paraguas rojo chillón entre tanto gris.

Recuerden siempre que hacerse notar no es algo malo, somos quienes somos, y tenemos que dejar ver a los demás nuestros verdaderos colores.




martes, 19 de abril de 2011

Página en blanco.


A veces ver una hoja completamente vacía nos asusta. Estamos frente a la duda, dudamos de todo. De nosotros depende en que se tranforme esa hoja.
Yo creo que el famoso miedo a la página en blanco es el miedo a la vida misma, porque, al fin y al cabo, la vida es una página en blanco, viene vacía, y somos nosotros quienes la llenan, hilando las decisiones, una detrás de otra, dejando atrás un pasado, viviendo un presente y esperando un futuro.
Así es como ocurre con las palabras también, las vamos hilando, y juntas forman una oración, éstas, a la vez, forman un texto. Y, sin darnos cuenta, tenemos una historia.
Todo escritor sabe del miedo a lo vacío, pero todo buen escritor, sabe que más miedo dan las ideas que no han sido expresadas, porque una idea reprimida es un alfiler en el tablero de las tareas pendientes, es una punzada en el pozo del olvido, es un grito para despertar a la mente, al alma. Una idea no expresada es un recado que debe ser cumplido.
Por eso, a veces, algo vacío, nuevo, no es lo que nos da miedo, sino que lo es lo que vamos a poner en ese lugar vacío, lo que da miedo de la página en blanco es que todas las decisiones recaen en nosotros, por lo tanto, los errores también.
Entonces, un buen autor es, simplemente, el que sabe llenar de colores una página en blanco.

viernes, 15 de abril de 2011

No necesito nada.

No estoy segura de la razón por la cual le tengo tanto miedo a los cambios. Cuando algo sacude mi mundo, mis costumbres, me siento perdida, no sé donde estoy.

Me cuesta mucho adaptarme, amoldarme a las cosas, a las personas. Soy rebelde sin causa-diría mi vieja-, o tan in entendible-diría mi viejo-. Loca, dirán ustedes, yo digo que no sé que soy.

A veces soy muy mala, ¿Saben? Soy arisca, a veces un poco menos, pero arisca al fin. Lo malo es que siempre es con las mismas dos personas, que en su momento me lastimaron mucho, y no soy capaz de perdonar... nunca por completo. Y así volvemos al comienzo, no soy capaz de perdonar porque ellos cambiaron mi mundo, me dieron vuelta todo, me alejaron de mi vida, mi rutina, y yo no puedo perdonarlo, porque es el día de hoy que lo extraño, un año y medio después.

El tiempo pasa y día a día no me doy cuenta, pero cuando pienso, cuando miro para atrás, sé que lo que dejé no va a volver. Veo a los de tercero con la bandera que dice: la alegría de terminar juntos. Y yo sé que no va a ser así para mí, que esa gente con la que compartí siete años de mi vida no va a egresar conmigo. Más bien, yo no voy a egresar con ellos. Y los extraño, porque hicieron de mi lo que soy hoy. Extraño hasta al más pesado de ellos, porque son parte de mi infancia, y si hoy soy así, es por ellos. Aprendí a no escuchar sus tonterías, y hoy no escucho las tonterías que dice el mundo entero, aprendí a hacer oídos sordos. Aprendí a ser yo misma, sin importar lo que ellos dijeran. Aprendí a refugiarme en la seguridad de mi grupo, quienes se convirtieron en mis mejores amigos.

Tengo muchos defectos, no sé perdonar cuando algo me duele mucho, soy muy orgullosa, odio los cambios; pero también sé que tengo virtudes, si no, no tendría a la gente que tengo alrededor. Sé que no soy perfecta, y que tal vez nunca logre asimilar los cambios, pero mientras mis amigos estén conmigo, no necesito nada.